Lo repitieron ambas varias veces cuando les hice ver que no se veía nada por la ventanilla.
-Estamos debajo de tierra, ¿os habeís dado cuenta?.
-¿en un pozo?.
-No, en un túnel subterráneo, "sub" significa debajo y "terra" es tierra.
-¡qué chulo¡.
Después subieron las escaleras mecánicas con mucho cuidado, se sienten inseguras.
Y en la cinta transportadora caminaban y reían a la vez.
Les gustaba ir en tren y no era más que una sencilla estación de una pequeña capital de provincia.
-¿Dónde vamos ahora?.
- ¡A almorzar, tengo hambre ¡.
Busacamos una cafetería.
Les dije que tenían que pedir y pagar ellas solas y me miraron con cara de desamparo.
Pero salieron del apuro con una pequeña ayuda y una buena dosis de paciencia de la dependienta.
-¡está bueno el bocadillo¡
-¡parecía un avíón¡ - refiriéndose al minúsculo recinto donde viaja el conductor del tren de cercanías.
-¿está lejos tu casa?
-y comeremos arrocito al horno ¡ummm¡ qué rico¡.
Saltaban de un tema a otro sin más hilo conductor que sus propios pensamientos.
Despues, la visita a los grandes almacenes, o mejor, a sus escaleras mecánicas, el parque y las fotos, la caminata hasta el centro, el mercado del pescado, la plaza mayor y la fuente...
-me canso, ¿Dónde está tu casa?
-¡mira que pinchos lleva este pescado¡
-¡comeremos arroz¡
-ummm, qué bracito más blandito tienes, parece un bocadillo.
-mi madre se compra de eso para ella sola, solo para ella.
Y así todo el tiempo, aderezado con palmadas, apretones, besos y caricias.
Una manifiesta sus emociones en exceso... la otra por defecto.
Ya en casa, me hicieron bailar, se pusieron mis zapatillas y mi ropa, se sentaron en mi mesa y decian que eran profesoras, me pidieron bolígrafos y cuadernos y se comieron todo con apetito y buenos modales.
-Ya viene por allí, ¿lo veís?
- ¡es un tren ¡
-Noooo, es un autobús que nos va a llevar a la estación para no caminar tanto.
-¡qué chulo¡, es un tren.
-es un autobús para ir por la ciudad, no tiene vías, ¿lo ves?.
Llegamos a la estación, pero antes de entrar en ella y atendiendo a sus demandas, no vi un "mobiliario urbano" (vaya invento inútil) y me dí de bruces contra él.
Ceja hinchada y un dolor muy fuerte que me hace saltar las lágrimas mientras unos jóvenes se rien disimuladamente sentados en un banco.
Pedimos un cubito de hielo y subimos al tren de vuelta.
Me imagino lo que verán quienes nos miren: yo llorando (imposible retener las lágrimas)con los ojos negros por la pintura, una mano en la ceja y una a cada lado, incapaces de separase de mi.
Me pregunto que hubiera pasado con ellas si me desmayo o me pasa algo. Y decido que no debo ir sola en otra ocasión.
Una me acaricia y se lamenta, la otra permanece impasible.
Cuando el dolor remite, repaso mentalmente el día y recuerdo la pregunta que me hizo esta mañana, muy seria, la que mas rie siempre.
-Rosa, ¿yo tengo sindrome de Down
-¿qué dices?????
-Si yo tengo sindrome de Down
-¿y sabes lo que es eso?
-que estoy mal
- ¡¡¡y o también estoy mal ¡¡¡, no oigo de un oido, llevo gafas...¡¡ todos estamos mal. No digas eso ¿vale?
Y su cara se iluminó de nuevo con la sonrisa.
-¡Comeremos arroz con patatitas y tomatito...¡
Que bonito, lindo de verdad y no me refiero solo a tu escrito sino tambien a la vivencia. Querida amiga ¡felicidades!es gratificante tu esfuerzo y sabes vivirlo y transmitirlo. Te envidio por ello.
Hace mucho que no escribes pero sigo pasándome por aquí en busca de la ternura que desprenden tus Post.
Vuelve pronto, se te echa de menos.
Un abrazo.